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Una
vez finalizado el proceso de recolección, se realiza el lavado
de la cosecha.
En esta operación, las chufas pierden sus raices, se limpia
su piel y se eliminan aquellos tubérculos "fallados".
Las
chufas procedentes del campo son depositadas en una era del lavadero.
Con la pala del tractor se sitúa en una tolva que descarga
la cosecha sobre una cinta transportadora que desemboca en un bombo-criba
donde se separa la tierra del resto del material. Del citado bombo
pasa a un segundo bombo, formado por dos elementos concéntricos
donde se separa paja y piedras gruesas.
Un
tercer bombo elimina el pelo de la chufa. Una ducha dispuesta en
el eje central las va mojando. Pasa después por unas canaletas
donde hay diferentes salidas de agua y aquí se separa grava
y chufas, y se acaban de limpiar.
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